Preparar el terreno emocional
Antes de intentar cambios, conviene acordar un marco amable y acotado. Probar durante pocos minutos, con un objetivo claro y permiso explícito, reduce defensas y mejora la receptividad. Un breve ritual de inicio —respirar, nombrar intenciones, elegir un foco— evita malentendidos y crea seguridad compartida. Estas pautas convierten cada intento en una experiencia exploratoria, no en juicio ni examen; facilitan aprender del error, ajustar expectativas y registrar pequeñas mejorías sin presión ni dramatismos.